Aquel barco que no era (2015)

Hay un abismo que comienza cuando termina la piel. Ese aire que reviste a los cuerpos es la frontera del infinito que nos roza a cada momento. Cada paso es una aventura incierta, una quema de navíos.

El abrazo es el artificio de juntar las pieles fronterizas, el dulce engaño de no sentir el vacío. Conversar también parece serlo, las palabras salen como viento, toman temperatura, son inhaladas por quien además las oye, se creen los cuerpos uno dentro del otro… pero no, es sólo el aire el que lo ha hecho. Y con ese respirar, el etéreo abismo del que siempre nos rodeamos está ahora además en nuestro interior, a cada silencio, intermitente, esa muerte que viene y se nos va, viene y se nos va.

Sin embargo hay conversaciones que se desarrollan a distancia, sin un valor presencial. Ellas ineludiblemente tratarán acerca de ese aire que está en medio, que separa, para hacerlo hablar, para que nos enrostre nuestra condición de estar invariablemente solos. Hablar de esa distancia vuelve a la conversación en un fenómeno siempre lúcido, que se analiza a si mismo, que de esa forma da pie a la identidad destapada, sin solapas, sin arraigo, sin tiempo.

De eso trata este intercambio.

(Satsi Acevedo – México / Cristian Maturana – Chile https://www.cristianmaturana.cl/)

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